Tus huellas se convirtieron en estrella dando luz a mis días desde que te marchaste.

Ricki, aquel 26 de noviembre llegaste a mi vida revolviendo todo en mí; contabas 2 años desde que nacieras. Con pasos silenciosos y actitud valerosa ocupaste mis días, sin quejarte siquiera de haber pasado todo un día solito en aquel enorme apartamento donde quedaras a la espera de un cachorro humano quien estaba por venir.

Ricki tenías por nombre y en cuanto tus ojos se cruzaron con mi mirada curiosa, nos confesamos ser el uno para el otro, mi compañero inseparable, el amor mas grande que mi corazón sintiera hasta aquella noche en la cual conmigo viniste a vivir.

Me enseñaste a pasear cada tarde, me lucías como tu compañera preferida y ante la duda de alguna vecina, tú actitud denunciaba quien paseaba a quien, te emocionaba el alimento que de mis manos recibías, engullías todo porque si algo hubo de maravilloso entre nosotros fue absoluta confianza en el cuidado que nos dedicábamos con amor y camaradería.

Ricki mi pequeño perrito confidente amigo, mis lágrimas secabas y en silencio aguardabas que mi corazón yo calmara, moviendo tu colita me indicabas que un momento especial se avecinaba: ¡recibir mis besos! que tú demandabas porque sabías que yo disfrutaba tanto al darlos como tú al recibirlos en complicidad de nuestro amor.

Todo era armonía entre los dos, jugábamos como niños en nuestro mundo especial, cuando yo me ausentaba, me extrañabas tanto que eras capaz de enviarme mensajes que solo yo podía escuchar como aquel día en que te operaran y me lo hiciste saber con rumor de corazones a kilómetros de distancias para escuchar mi voz.

Envejeciste, yo no quise aceptar, me revelaba ante la realidad, no quería perderte, mi aliento fue tu aire, mis lágrimas debieron sangre ser, una noche entera esperé por un milagro para que de mi no te apartaras, hasta el cielo lloro tu inminente partida cachorrito adulto tenías que ser. Rehusaba a despedirte hasta que tú mismo me indicaste que tus huellas en estrella de luz me acompañarían desde aquel 27 de marzo de 2.005. Ahora y siempre mi corazón será tu cuna y tu imagen va prendida a mi cuello en un pergamino de oro en tu honor mi leal compañero. Por siempre serás la luz que llevo en mis manos. Quiero que sepas que un ángel en la distancia también me cuida, nuestra amiga Milyn.

¡TE QUIERO MI NIÑO! ¡TE QUIERO, TE QUIERO RICKI!

Paqui.

 

           

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04-04-2006
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